Los Días de José

Los Días de José

Hace veinte años, cuando mi abuela Edith Daniels falleció, mi familia me pidió que oficiara su servicio fúnebre. Para el mensaje utilizé Hebreos 11:8: "Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba". Mientras reflexionaba sobre su vida y ministerio con mi abuelo Harold, me di cuenta de que para nuestro sistema familiar, ellos encarnaban a Abraham y Sara. Ellos fueron la primera pareja de pastores en nuestra familia. Comenzaron a pastorear su primera congregación cuando ambos eran adolescentes. Vivían en el sótano del edificio de la iglesia y ganaban cinco dólares por semana. Durante más de cincuenta años, obedecieron a pesar de que no sabían a dónde iban.

Continué describiendo a mis padres y a mis tías y tíos, quienes también entraron en el ministerio, como nuestra generación de Isaac y Rebeca. Siempre me ha hecho gracia que después de esperar tanto tiempo para que naciera el prometido Isaac, su vida fuera relativamente aburrida y su historia solo abarcara un puñado de capítulos en Génesis. Tal vez la fe y las convicciones de sus padres eran tan fuertes que Isaac no pudo evitar vivir la promesa. De manera similar, tal vez la fe y las convicciones de mis abuelos fueron tan fuertes, que mis padres y sus hermanos no pudieron evitar aferrarse con fuerza a su fe, ir a institutos nazarenos, casarse con cónyuges nazarenos y encontrar su propio camino hacia roles ministeriales.

Eso hace que mis primos, mi hermana y yo seamos la generación de Jacob y Esaú. La promesa de los antepasados sigue siendo fuerte, pero a nuestra manera tuvimos que luchar con Dios (y entre nosotros) mientras encontrábamos nuestro camino hacia la fe y el ministerio. Por la gracia de Dios, todos llegamos allí finalmente, pero requirió esfuerzo, perdón y una perseverancia constante por parte de Dios.

En el servicio, había algunos bebés recién nacidos. En el mensaje, describí a esos pequeños como la generación de José. Le recordé a mi familia que las narraciones de Génesis 12-50 no tratan, en última instancia, de la fe inquebrantable de Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, ni siquiera de Jacob y Raquel. La historia culmina en que José llevó la promesa redentora de Dios hasta la poderosa corte del faraón y se convirtió en la fuente de vida misional y salvación para muchos. Si la fe que nos transmitieron nuestros antepasados no se transmite a la generación de José, entonces los propósitos redentores de Dios para nuestra familia no se cumplirán completamente.

Veinte años después, nuestra generación de José, que en ese momento eran bebés, son ahora jóvenes adultos con carreras, cónyuges e incluso algunos con hijos propios. ¿Qué necesita la generación de José escuchar y ver hoy en su precursor en la fe? ¿Qué guía puede ofrecerles la vida de José mientras conducen su propia vida tumultuosa hacia una misión significativa?

Estén abiertos a los sueños de Dios. La historia de José comienza cuando recibe un par de sueños del Señor. En ambos sueños, ve a su familia inclinándose ante él. Aunque extrañas, estas visiones divinas dieron forma al futuro de José. La generación actual de José también debe estar abierta a la visión divina y la guía de Dios. Es trágico, especialmente para los jóvenes, haberse acomodado demasiado pronto a ciertos sistemas de vida. Como nos recuerdan el profeta Joel y el apóstol Pedro el día de Pentecostés, cuando el Espíritu es derramado, los jóvenes sueñan sueños. Estén abiertos a los sueños y esperanzas que el Señor tiene para su vida.

Sueñen con la redención para otros. Desafortunadamente, los sueños de José no se convierten inmediatamente en bendición. En cambio, se convierten en conflictos familiares, sufrimiento y esclavitud. Con razón, tendemos a responsabilizar a los hermanos de José por maltratar a su hermano y venderlo como esclavo, y no ayuda que Jacob tuviera favoritismo entre sus hijos. Pero también me parece sospechosa la forma en que José relata sus sueños a su familia. Inicialmente, José interpreta sus sueños como que de alguna manera le brindaban honor personal. Cuando conocemos el final de la historia, sabemos que ellos se inclinaron ante José no por su propia gloria, sino en gratitud por la salvación y la bendición que Dios ha traído a través de él. Posiblemente podría haberse evitado muchos sufrimientos y problemas si José hubiera entendido desde el principio que los sueños de Dios para su vida estaban destinados al bien de los demás y no a su propio beneficio. Los mejores sueños para la generación de José no son para su propio avance, sino sobre cómo su vida puede servir para la bendición y el bienestar de los demás.

Carácter en crisis. Gran parte de lo que honramos de José es la forma en que no solo perseveró a través de los altibajos de la esclavitud, las acusaciones de la esposa de Potifar y luego la prisión, sino la forma en que su carácter se mantuvo constante en medio de la adversidad. Al igual que todas las generaciones, la generación de José necesitará aprender a ser resiliente. Al igual que José, no siempre podemos controlar nuestras circunstancias, pero podemos permitir que nuestro carácter se forje a través de los desafíos.

Vive en el amor soberano de Dios. Tal vez la frase más memorable en la historia de José es: "Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente" (Génesis 50:20). Es importante reconocer que José no absolve a sus hermanos porque sus acciones no fueran tan graves. Más bien, reconoce que lo que hicieron tenía la intención de hacer daño. No debemos leer este versículo como si Dios hubiera predestinado que los hermanos cometieran este terrible y abusivo acto contra José para que de ese hecho surgiera algo bueno. En cambio, en Su amor creativo y soberano, Dios transformó el daño que ellos intentaron hacer en algo hermoso, pero también en algo misional y redentor a nivel global. El amor soberano de Dios hizo posible no solo que José perdonara a sus hermanos, sino también que José entendiera y estuviera agradecido por el amor providencial y redentor de Dios en su propio y difícil camino.

Terminen con esperanza. Finalmente, una de mis partes favoritas de la historia de José es cuando hace que su familia jure que cuando Dios saque a los hijos de Abraham de Egipto, se llevarían sus huesos con ellos. En el libro de Josué nos enteramos que sus antepasados cumplieron esta promesa. La generación de José puede concluir la historia de Génesis y la historia de la primera familia de fe, pero no concluye la historia de Dios. Que la generación actual de José no solo reciba la fe que se les ha transmitido, sino que también viva (y muera) apuntando hacia adelante con fe, sabiendo que Aquel que comenzó está buena obra es fiel y la completará (Filipenses 1:6).

Scott Daniels es superintendente general de la Iglesia del Nazareno.

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