Los Días de Jacob

Los Días de Jacob

Entonces le dijo: "Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido" (Génesis 32:28)


 

¿Qué importancia tiene un nombre?

Algunos padres saben incluso antes de tener un bebé cuál será su nombre. Otros tal vez lo limitan a dos o tres nombres, y se convierte en una decisión una vez que el bebé nace. En 2010, mi esposa y yo estábamos esperando a nuestra primera hija, ¡una niña! Teníamos algunos nombres, pero al final elegimos uno que pensamos que sería único: un nombre clásico que no se había usado comúnmente en una o dos generaciones. ¿Cuál era ese nombre? Addison. En los meses posteriores a su nacimiento, no tardamos en darnos cuenta de que había otros padres de nuestro grupo que habían pensando lo mismo. Un vistazo rápido en las redes sociales nos hizo ver esta realidad. Nuestra hija ahora es una adolescente y tiene varias amigas llamadas Addison. 

En las Escrituras, un nombre a menudo cuenta una historia. Refleja no solo cómo los demás conocen a alguien, sino también cómo esa persona llega a conocerse a sí misma. Los nombres en la Biblia encierran una historia, tensión y esperanza; a veces describen el pasado de una persona y a veces apuntan a un futuro que Dios aún está formando. Pocos antepasados de la fe encarnan esta realidad con mayor claridad que Jacob. 

Jacob y su hermano gemelo, Esaú, eran niños por quienes se oró y se depositaron esperanzas. La belleza de la historia de Dios está en la cantidad de veces que vemos al Señor usar a aquellos que, según los estándares mundanos, pueden no tener todo lo necesario para cumplir su voluntad. Sin embargo, vemos la historia de Dios usando a aquellos que asumieron que no tendrían hijos, ser los progenitores de la familia del pueblo del pacto de Dios. 

Jacob se ganó su nombre con razón, ya que las Escrituras describen a un niño que agarra el talón de su hermano mayor en medio del parto. Estos gemelos, cuya relación conflictiva se remonta al vientre de Rebeca, son completamente opuestos. Esaú era físicamente más fuerte, hecho para la vida en la naturaleza. Jacob probablemente era de menor estatura y prefería quedarse cerca de casa. Los dos hijos representan a dos naciones que crecieron bajo una presión constante, sin embargo, la historia de Dios está en acción. 


El nombre de Jacob no solo significa "agarrador de talones", sino que también está relacionado con una palabra hebrea que significa "engañador" o "aquel que lucha". La vida de Jacob ciertamente está marcada por una lucha, incluso por una lucha constante. Quizás la mejor manera de comprender el nombre de Jacob sea a través de la perspectiva de "aquel que lucha". 

Como el hermano menor, Jacob siente que para salir adelante, tiene que vivir una vida de esfuerzo y engaño constantes. No sabemos con certeza si la promesa que el Señor le hizo a Rebeca, de que el menor reinaría sobre el mayor, se le comunicó a Jacob. Sin embargo, lo que sí está claro, es que gran parte de la historia de Jacob sugiere que tuvo una lucha por confiar en que la presencia de Dios sería fiel para cumplir la promesa.

En Génesis 32, Jacob se encuentra con el Dios de sus antepasados de una nueva manera. Esa noche en el arroyo de Jaboc no es accidental; es el resultado de años de esfuerzo, engaño y temores sin resolver sobre cómo se cumplirá la promesa de Dios. Distanciado de su hermano Esaú, habiendo tomado ventaja de él para obtener la bendición de la primogenitura y conspirado con Rebeca para recibir la bendición de Isaac, Jacob llega al cruce cargando no solo la promesa de Dios, sino también el peso de su pasado. 

No puedo evitar preguntarme si algunos de nosotros podemos vernos reflejados en la historia de Jacob, mientras luchamos con lo que ha sido y lo que será. Luchamos con los encuentros que hemos tenido con Dios, después de haber escuchado sus promesas y aún así todavía sentimos la necesidad de obtener esas promesas por nuestra cuenta.

Al enterarse de que Esaú quería encontrarse con él, Jacob se da cuenta de que obtener la promesa a su manera lo ha dejado agotado y vacío. Génesis registra la oración de Jacob, una oración de total dependencia a Dios: "¡Líbrame del poder de mi hermano Esaú, pues tengo miedo de que venga a matarme. . . Tú mismo afirmaste que me harías prosperar" (Génesis 32:11-12). Cuando Jacob llegó a su límite y se quedó sin opciones, hizo lo que sus predecesores habían hecho: oró por la promesa que Dios le había hecho antes, una vez más colocándose en las manos de un Dios presente. Este que había luchado, ahora lucha por encontrarse con un Dios santo. 

Jacob cruza el vado del Jaboc y allí se encuentra con un hombre que lucha con él durante la noche. La lucha parece estar igualada hasta que, de repente, Jacob siente un dolor agudo en la cadera. Al amanecer, el hombre intenta terminar con el encuentro tocándole la cadera y dejándolo herido. Sin embargo, Jacob se niega a soltarlo. Desesperado por una bendición, se aferra a su oponente, implorando lo que ha buscado toda su vida.

Entonces Jacob experimenta lo que sucede cuando el esfuerzo propio se encuentra con la rendición. El hombre le pregunta a Jacob su nombre. Aunque las Escrituras no lo describen, podemos imaginar que Jacob pudo haberse sentido ansioso al responder, ya que sabía el significado de su nombre. Decir su nombre es un recordatorio de que su vida ha estado marcada por el engaño. Entonces Dios hace lo que Dios suele hacer cuando llegamos a un punto de rendición Le da una nueva historia. Le da un nuevo nombre. Génesis 32:28 dice: "Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido". 

El significado del nombre Israel no es claro, pero muchos eruditos proponen diversos significados: "Dios gobierna", "Dios lucha" o "aquel que lucha con Dios". Lo que si está claro es que Jacob pasará de una vida de lucha para su propio beneficio a luchar por la promesa que se encuentra en el Dios de sus antepasados: el único Dios verdadero. Jacob puede seguir luchando con los humanos y con Dios, pero como sugiere Terence Freitheim: "Dios ha afirmado su compromiso de acompañar a Jacob en la lucha". Una vez más, la historia de Dios es la historia del más joven, el más débil y la persona menos calificada que recibe la seguridad de que Dios está presente y es fiel en su llamado. 

¿Cuántos de nosotros hemos estado en Jaboc? Hemos llegado a un punto en el que la lucha por nuestros propios intereses nos ha dejado vacíos y seguimos en la búsqueda. ¿Y si el mensaje de santidad fuera en realidad una lucha con Dios? En mi propia vida, puedo recordar un momento de mi juventud en el que luché con Dios. Me esforzaba por cumplir con mi llamado a mi manera. Aunque nunca llegué a los extremos del engaño de Jacob, ciertamente me engañé a mí mismo al huir de una vida de entrega total a Dios. Esa lucha me llevó a un lugar en el que comprendí que lo único que me traería la plenitud completa, era permitir que Dios eligiera mi nombre y que le entregara a Él el control de mi historia.

Esta vida de entera santificación está marcada por ese esfuerzo inicial. Y podría ser, como el nombre Israel indica, que nuestra vida de santidad sea un camino de lucha con Dios para conocer y hacer siempre su voluntad; una vida de esfuerzo por parecernos a Jesús hoy más de lo que nos parecíamos ayer. 

La entera santificación es fruto de una vida que ha luchado con Dios y se ha entregado completamente a su voluntad. Desde esa noche en Jaboc y durante el resto de su vida, todos los que vieron a Jacob supieron que había una diferencia. Como sugiere Walter Brueggeman: "Un nuevo nombre no puede separarse de una nueva cojera". La cojera de Jacob daba testimonio de que se había encontrado con Dios y que no había salido de allí hasta haber cambiado. De la misma manera, cuando nos entregamos a Dios, nuestras vidas dan testimonio. Nadie necesita cuestionarse si nos hemos encontrado con el Dios vivo.

Como escribe el salmista: "Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores" (Salmo 34:4). En esta vida de santidad, tenemos la seguridad de que Dios no solo nos librará de todos nuestros temores, sino que también seguirá haciéndolo a medida que luchamos por depender completamente de su presencia en nuestras vidas. 

Jacob pasó de un nombre que denotaba autosuficiencia a un nombre que denota total dependencia de Dios. Un nombre que llevará la promesa de Dios. La vida de santidad es aquella en la que la nueva creación cobra vida en nosotros por medio de Su Espíritu, para que podamos llevar la promesa de Dios al mundo que nos rodea. 

David Snodgrass es el pastor principal de la Iglesia del Nazareno de HopePointe en Greenville, Carolina del Sur.

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