La Verdadera Adoracion
Ante la inigualable y poderosa presencia de Dios, uno se derrite en genuina adoración. No hay palabras, solo un gemido. En tiempos de prueba, dolor, o dificultad en mi propia vida, frecuentemente acudo a mi santuario y lugar de oración favorito, un descolorido tapete rosa en el baño. Ante su presencia, no necesitamos articular elocuentes palabras, solo abrir nuestro corazón en honestidad y rendición.
