Karl Barth

Karl Barth

Karl Barth

Podría sugerirse fácilmente que Karl Barth fue el teólogo más prominente e influyente del siglo XX. Su vida y obra incluyeron el desmantelamiento del liberalismo protestante, un papel protagónico en la resistencia protestante contra Hitler (incluida, especialmente, la Declaración de Barmen), el auge de la neoortodoxia y sus diversas corrientes de desarrollo, como el posliberalismo y, lamás importante, la renovación cristológica de la iglesia del siglo XX, tanto protestante como católica romana.

Barth nació en 1886 en Basilea, Suiza. Vivió las dos guerras mundiales, desempeñó un papel influyente en el Vaticano II, escribió uno de los tratados teológicos más grandes e influyentes de todos los tiempos (Dogmática eclesial), y sigue siendo, hasta el día de hoy, uno de los teólogos más comprometidos. No es exagerado sugerir que la mayoría de los teólogos de hoy trabajan o dando continuidad o criticando a Barth. La vida de Karl Barth terminó en 1968, en el mismo lugar donde comenzó, en Basilea, Suiza.

Para los fines de este estudio, solo podremos examinar algunas de sus contribuciones más importantes.

1. Renuncia al liberalismo protestante y el surgimiento de la neoortodoxia. Karl Barth fue estudiante de Adolph von Harnack y Wilhelm Herrmann en la década de 1910. Fue fuertemente adoctrinado con el liberalismo protestante de la época, como se evidencia en la publicación de su primera versión (1918) de Der Romerbrief, un comentario sobre la epístola a los Romanos. Después, en los años posteriores a la publicación de Der Romerbrief, Barth estuvo bajo la influencia de Søren Kierkegaard, Fiódor Dostoevski y otros pensadores cristianos. Al mismo tiempo, comenzó a notar las desafortunadas inclinaciones políticas y la participación de sus antiguos maestros en las crecientes maquinaciones políticas en Alemania que, eventualmente, conducirían a Hitler y el Tercer Reich. Sintió que la humanidad, no Dios, se había convertido en el objeto de los estudios bíblicos y la teología (en forma de liberalismo protestante), y creía que era necesaria una reorientación radical para que Dios y solo Dios fuera el sujeto de estudio adecuado. Luego se dispuso a reeducarse a la luz de esta observación. El resultado inmediato de este proceso fue la publicación de su segunda versión de su comentario sobre Romanos en 1922. Karl Adam escribió en una ocasión que esta segunda publicación "cayó como una bomba en el patio de recreo de los teólogos".[1] Este resultado dio lugar a una nueva revolución en los estudios bíblicos y la teología, conocida con una variedad de nombres, como: teología dialéctica, teología de la crisis, teología de la Palabra de Dios o, en términos generales, neoortodoxia.

2. ¡No! En 1934, Emil Brunner, imprudentemente, sugirió que Barth era un defensor de la noción de que podría haber otros puntos de partida o "puntos de contacto" entre Dios y la humanidad, además de Jesús.  La célebre y polémica respuesta de Barth a esta acusación apareció en el artículo publicado "Nein!" más tarde ese mismo año. Este es probablemente el aspecto más conocido de las enseñanzas de Barth hasta el día de hoy. En pocas palabras, a Barth no le molestaba que una persona sugiriera que la realidad de Dios pudiera deducirse de la naturaleza, sino que pudiéramos afirmar con certeza algo sobre ese Dios basándonos únicamente en la naturaleza. En cambio, para Barth, la revelación de Dios en Cristo Jesús es el único punto de contacto entre Dios y la humanidad y el centro de nuestra fe y existencia misma. Esta interacción puede ser desagradable para muchos, especialmente para quienes son de la tradición wesleyana. Sin embargo, un examen de las conferencias Gifford de Barth sobre teología natural contribuye en gran medida a remediar cualquier malentendido y aclarar la teología bíblica fuertemente paulina de Barth.[2]

3. Renovación Cristológica. La contribución más importante y duradera de Barth a los campos de estudios bíblicos y teológicos reside en su énfasis firme en el enfoque cristológico de ambos. Como se mencionó anteriormente, por ejemplo, Barth estaba convencido de que el enfoque de la Biblia es Dios y que solo podamos conocer a Dios de manera exhaustiva a través de la revelación de Dios en Cristo Jesús, el Hijo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Barth introduce este concepto, si bien no era original, fue refrescante (de ahí el concepto de neoortodoxo u ortodoxo nuevo/revisado) en la segunda versión del comentario a Romanos y mantiene esta postura a lo largo de su carrera. Para Barth, Jesús nos revela perfectamente todo lo que podemos y debemos saber sobre Dios y, al hacerlo, viene a nosotros en nuestra profunda necesidad, trayéndonos a Dios y sus caminos porque nosotros no podríamos hacer el camino inverso hacia Él. La contribución de Barth en este ámbito no se puede exagerar. Su profunda influencia llegó incluso al catolicismo romano a través de uno de sus estudiantes, Hans Urs von Balthasar (aunque fue solo una de sus muchas influencias), y contribuyó a servir de fuente inspiradora de la renovación que impulsó el  Concilio Vaticano II.

4. Teólogo bíblico. El rasgo o influencia más importante de Barth fue su profundo compromiso con la teología bíblica. Según Barth, para ser fiel, la teología debía ser siempre bíblica, de principio a fin. Barth no compartía la distinción moderna entre los estudios bíblicos y la teología (ni la distinción entre éstos y la ética). Según Barth, toda la teología era estudio bíblico y del mismo modo debía aplicarse a la práctica (ética). Este compromiso se observa en la forma en que la teología de Barth evolucionaba constantemente en diálogo con las Escrituras. Como pastor y erudito reformado, a Barth le preocupaba mucho menos ser fiel a Calvino o a alguna noción vaga de la teología reformada que la fidelidad a las Escrituras. Por esta razón, se le atribuye una ruptura radical con la doctrina calvinista/reformada de la doble predestinación. En cambio, argumentó que Jesucristo es el verdadero objeto de la elección: como ser divino, Cristo fue elegido para sufrir y, como ser humano, elegido para la salvación. Esto significa que la elección se centra en Cristo y se extiende a toda la humanidad, en lugar de limitarse a los pocos elegidos desde antes de la creación misma. Barth resolvió de manera eficaz este intolerable punto de fricción teológico histórico al afirmar que Dios le dijo “no” a Cristo y “sí” a la humanidad, lo cual culminó en la cruz, de tal manera que Dios y la humanidad volvieron a estar en comunión entre sí, tal y como estaba previstogracias a la obra fiel del Hijo. He argumentado en otro lugar que esto es total y atractivamente compatible tanto con Wesley como con Arminio en particular.[3] Por estas razones, el Papa Pablo VI en una ocasión declaró a Barth como "el hijo más fiel de la Reforma", pues insistió firmemente en el lema de la Reforma: "reformado y siempre reformándose", tal como estaba previsto: en el estudio de las Escrituras.

 

Karl Barth fue, sencillamente, el teólogo más importante e influyente del siglo XX. Ya sea amigo o enemigo, admirador o crítico, hay que reconocer que la influencia perdurable de Barth, especialmente en lo que respecta a la neoortodoxia, y su renovación cristológica y bíblica, es incomparable. Aunque no fue wesleyano, Barth comparte muchas sensibilidades tanto con Arminio como con Wesley, y merece un estudio más detenido por parte de todos aquellos que se consideren estudiosos de la Palabra de Dios.

Rev. Rustin E. Brian, Ph.D.

Pastor principal

Iglesia del Nazareno Living Stones Community, Clovis, Nuevo México

Profesor adjunto de Teología

Anderson University y Olivet Nazarene University

 

[1] Karl Adam, Das Hochland, junio de 1926.

[2] El capítulo 3 de mi propia obra Covering Up to Luther (Encubriendo a Lutero) ofrece un análisis exhaustivo de este tema complejo, teniendo en cuenta el conjunto de las obras de Barth. Rustin Brian, Covering Up Luther: Cómo la cristología de Barth desafió al Deus Absconditus que acecha a la modernidad (Cascade Books, 2013).

[3]Vea el capítulo 10 de Jacob Arminius. Rustin Brian, Jacob Arminius: The Man From Oudewater (Cascade Books, 2015).