Cosas en las que pienso: Santidad en todo tiempo

Cosas en las que pienso: Santidad en todo tiempo

Mis viajes en 2025 me llevaron a Mozambique, Benín y la República del Congo. Cada visita despertó una profunda gratitud y una nueva reflexión sobre la fidelidad de Dios y el poder de la santidad para transformar vidas y comunidades.

Mozambique: Recordando mis raíces

A fines de febrero, regresé a mi país de nacimiento, Mozambique. Caminar de nuevo en suelo mozambiqueño siempre me llena de gratitud y humildad. Esta es la tierra donde nació mi amor por la Iglesia del Nazareno y donde mi fe fue formada a través de la dedicación de hombres y mujeres que siguieron a Cristo en medio de la adversidad.

Durante mi infancia, Mozambique estaba sumido en una guerra civil. Sin embargo, incluso en esos años difíciles, el testimonio de la iglesia no flaqueó. Recuerdo la fuerza de nuestros líderes, su resiliencia y su visión para el discipulado de todas las generaciones, especialmente de los niños y jóvenes. Fue allí donde dije que sí por primera vez al llamado de Dios al ministerio. Mis mentores fueron pacientes, sabios y firmes, modelando lo que significaba caminar en santidad y fidelidad.

Volver como superintendente general para ordenar nuevos presbíteros y predicar la Palabra despertó en mí una profunda emoción. El servicio de ordenación del 25 de febrero se llenó de alegría mientras la congregación cantaba sobre la fidelidad de Dios y renovaba su consagración a Su voluntad. Al día siguiente, el Dr. Dany Gomis y yo lideramos una sesión de desarrollo de liderazgo con más de un centenar de pastores y líderes de todo el país.

Sus preguntas revelaron pasión y profundidad. Muchos preguntaron sobre la teología y la misión, expresando un fuerte deseo de una capacitación continua basada en la teología wesleyana de santidad. Hablaron de la necesidad de claridad sobre nuestra identidad en Cristo y como nazarenos, especialmente a medida que se plantan nuevas iglesias en todo el país. Escucharlos me recordó que el mismo Espíritu que llamó y equipó a la iglesia hace décadas sigue actuando hoy.

Benín y Togo: El fuego de la santidad

A principios de marzo, viajé a Benín, donde la Iglesia del Nazareno celebró recientemente veinticinco años de ministerio. Los días estuvieron llenos de capacitación en liderazgo, ordenaciones y servicios de avivamiento que atrajeron a participantes tanto de Benín como de Togo.

La adoración fue exuberante, llena de libertad, alegría y un fuerte sentido de la presencia de Dios. Lo que más me impactó fue el hambre de santidad y la convicción de que el evangelismo y el discipulado van juntos. Uno no puede existir sin el otro; son dos lados de la misma moneda.

Los testimonios de liberación de la idolatría estaban presentes en cada servicio. Muchos creyentes compartieron cómo se habían apartado de la adoración a los ancestros o la dependencia a la brujería para seguir a Cristo, incluso a costa de la persecución o el rechazo familiar. Sus historias hicieron eco de lo que recuerdo de mi juventud: en muchas partes de África, la santidad está marcada no solo por la pureza moral, sino también por una separación valiente a la esclavitud espiritual.

Un testimonio que me quedó grabado fue el de la familia de uno de nuestros fuertes líderes laicos. Alrededor de la mesa del almuerzo en su casa, compartieron sobre la persecución y el ridículo que enfrentaron por su rechazo a los ídolos y rituales ancestrales. Sin embargo, su constancia y testimonio llevaron a varios familiares a la fe en Cristo. Escuchándolos, recordé que la santidad no es una teología abstracta, sino una realidad vivida empoderada por la gracia. Dios permanece fiel en todo momento, y Su poder transformador sigue rompiendo cadenas y creando nueva vida.

Congo:  Perseverando en la esperanza

Del 12 al 17 de marzo, visité Brazzaville, en la República del Congo. La nación enfrenta numerosos desafíos económicos y políticos, aún así, la Iglesia del Nazareno sigue creciendo. Celebramos un servicio de ordenación, dedicamos una nueva escuela y celebramos sesiones de liderazgo que revelaron tanto los obstáculos como el profundo compromiso de nuestros pastores.

Algunos líderes hablaron de presiones culturales que dificultan vivir el mensaje de santidad. En contextos donde las normas sociales entran en conflicto con los valores bíblicos, elegir una vida semejante a Cristo a menudo significa estar solo. Sin embargo, la obra del Espíritu es evidente. La fidelidad de estos líderes, muchos de los cuales sirven sacrificialmente con pocos recursos, me recordó que la fuerza de la iglesia no radica en la riqueza o la comodidad, sino en la gracia y la perseverancia.

Un pastor me contó que camina kilómetros cada semana para predicar en una aldea lejana. Su alegría tranquila daba testimonio de que la santidad no se trata solo de pureza interior, sino de fidelidad externa: amar a Dios y al prójimo incluso cuando ello implica un costo.

Fidelidad en todo tiempo

Mientras reflexiono sobre estas visitas, surge un solo tema: la fidelidad de Dios. En toda África, en Mozambique, Benín, Togo y Congo, la Iglesia del Nazareno da testimonio de que la santidad es posible en cada circunstancia.

Vivir una vida santa es vivir contraculturalmente. Significa negarse a moldearse a los patrones del mundo, ya sea que esos patrones se muestren como materialismo, corrupción o miedo a los espíritus ancestrales. Esto nunca es fácil. Abandonados a nuestra propia fuerza, seguramente fracasaríamos. Pero gracias a Dios que a través de Jesucristo nuestros pecados son perdonados y, a través del poder del Espíritu Santo, somos transformados y capacitados para vivir una vida semejante a Cristo.

Estas son las cosas en las que pienso cuando viajo. Veo en cada congregación, en cada líder, en cada testimonio, la verdad de que la santidad no es un logro, sino un regalo. Es la fidelidad de Dios expresada a través de Su pueblo, iluminando lugares oscuros, formando nuevas comunidades de gracia y recordándonos a todos que el mismo Dios que nos llamó hace mucho tiempo, sigue llamándonos a ser santos hoy.

Fili Chambo es superintendente general de la Iglesia del Nazareno.

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