Leyendo los Evangelios

Leyendo los Evangelios

Leyendo los Evangelios

¿Qué es un evangelio? Esa era una de las tres preguntas que necesitaba responder durante mi examen universitario de tres horas. ¡Es una pregunta compleja y todavía la estoy respondiendo!

La mayoría está de acuerdo en que los Evangelios son una forma de biografía antigua. No son como las biografías de Nelson Mandela o Winston Churchill o Vladimir Lenin. Los evangelios omiten tantas cosas que nos encantaría saber como fechas de nacimiento, cronologías exactas de eventos y detalles sobre la familia o los amigos de Jesús. Aparentemente, los evangelistas no consideran estas preguntas centrales para los propósitos de sus escritos.

Las biografías antiguas solían tener dos objetivos: conmemorar una vida y servir de ejemplo. Aunque los Evangelios no son únicamente biografías antiguas, encajan en ambos sentidos. Se enfocan incesantemente en Jesús. Y están escritos para inspirar, y no simplemente para informar.

No sabemos mucho sobre los autores. Si, hemos adjuntado nombres, pero comprender identidades precisas es más difícil. Aún así, mediante una lectura cuidadosa, podemos aprender algo sobre los autores implicados.

Los autores de los evangelios escriben convencidos de que Jesús es el Mesías/Hijo de Dios. Jesús es un ser humano que comparte la identidad divina. Los evangelistas establecen la identidad divina de Jesús en la forma en que cuentan la historia. Juan lo hace desde el principio: “el verbo se hizo carne” (Juan 1:14), pero los otros evangelistas revelan gradualmente la identidad de Jesús a través de la historia misma.

Para contar su historia, los escritores releen la historia de Israel y vuelven a contar la historia de Dios a la luz de sus convicciones sobre la identidad de Jesús. Reúnen ambos hilos en su tejido de la narración. Primero, Jesús actúa como actúa el Dios de Israel y las escrituras que se refieren al Dios de Israel se aplican a Jesús a través de citas, alusiones y ecos del antiguo testamento. Al mismo tiempo, el Imperio Romano es un telón de fondo siempre presente pero tácito. El final de la historia incluye una cruz romana y un recordatorio de que el discipulado significa tomar la propia cruz. Es en este contexto que Jesús promulga el reino de Dios, la “cosa nueva” que Dios hace.

En los evangelios, Jesús es presentado como un modelo para sus seguidores. Por ejemplo, Juan 12:12-17 usa la historia del lavado de pies para redefinir un liderazgo de servicio. Lucas 9:23 añade la expresión ‘cada día’ a la versión de Marcos en Marcos 8:34, releyendo así el llamado de Jesús a ‘tomar la cruz’ y dándole un énfasis ligeramente diferente. En Mateo 5:43-45, el llamado de Jesús a amar a los enemigos, porque eso es lo que Dios hace, se dirige de frente a los opresores. En Marcos 10:42-45, los seguidores de Jesús deben rechazar las prácticas de poder del imperio y a sus líderes. Las implicaciones contraculturales recorren los Evangelios en parábolas, dichos, situaciones, historias y acciones.

Pero ¿cómo escriben estos autores sus historias de manera tan convincente?

Primero, seleccionan cuidadosamente el material a incluir. Juan 21:25 puede exagerar la cantidad de historias disponibles, ¡pero entendemos el punto! Incluyen o excluyen diferente episodios, dichos e historias.

A continuación, dan estructura al material. El Sermón del Monte de Mateo recopila enseñanzas que se encuentran dispersas a lo largo de Lucas. Lucas incluye una sección sobre el viaje de Jesús a Jerusalén (9:51 – 19:47) que es exclusiva de su relato. Marcos pone entre paréntesis la enseñanza privada de Jesús a los discípulos en 8:27 – 10:45 entre dos sanidades a hombres ciegos (8:22-26; 10:46-52).

Otra técnica fascinante que utilizan los escritores de Evangelios es el entrelazamiento de historias. Pueden empezar una historia, luego insertar otra y después volver a la primera. Un ejemplo es Marcos 5:22-43, en el que el escritor pasa de la hija de Jairo (vv 22-24) a la mujer con hemorragia (vv 25-34) y luego vuelve a la hija de Jairo (vv 35-43). ¿Pretende Marcos que leamos esta secuencia en conjunto, aumentando el impacto y el mensaje de los relatos? Yo creo que sí. 

Entonces, ¿Cómo debemos leer los Evangelios?

Sobre todo, tome en serio a los evangelistas como autores del primer siglo. Los Evangelios están escritos cuidadosamente, tanto Lucas como Juan hacen esta afirmación explícita. Entonces, mientras leemos, debemos hacer preguntas, ¡Muchas preguntas! ¿por qué un evangelista elige esta historia? ¿por qué la pone aquí? ¿Cómo la ha relacionado con la historia anterior y posterior? ¿Ha hecho cambios en la forma en que se cuenta en otros lugares? Si es así, ¿cuál podría ser una explicación? Si seguimos haciéndonos estas preguntas, es posible que comencemos a pensar junto con los autores.

Toma tiempo para volver a leer cada Evangelio en su totalidad, preferiblemente en una versión que no te resulte familiar y, si es posible, de corrido. Recuerda, probablemente se escribieron principalmente para los oyentes.

No seas demasiado duro con los discípulos o los fariseos. Ubícate en la historia. Los evangelistas quieren que seamos como Jesús, pero con toda honestidad, ¿dónde podría encajar yo en la historia? ¿Está siendo desafiado mi sentido de importancia por Juan 13:12-17? ¿Tenemos todos poder y privilegio como los discípulos en Marcos 10:42-45? ¿Somos como los fariseos guardianes de la santidad, mientras ignoramos convenientemente nuestras propias fallas? ¿Perdemos de vista las cosas importantes, los grandes mandamientos, mientras respetamos escrupulosamente lo que la ley establece? ¿A veces perdemos el panorama general, un minuto confiados y al siguiente perplejos y resistentes? Deja que tu imaginación juegue con la historia y vuelve a contarla como si fuera una historia del siglo XXI.

Los  Evangelios son asombrosos, inspirados e inspiradores. Si los escuchamos, oiremos la voz transformadora de Dios. Y podemos responder.

Kent Brower es es Investigador Principal en Estudios Bíblicos en nazareno Theological College, Manchester.

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